Medioambiente
Investigadores manifiestan que si bien estas pruebas rápidas siguen siendo una herramienta útil para la detección de infecciones por COVID-19, no pueden seguir las constantes mutaciones de las variantes preocupantes, por lo que deben actualizarse constantemente.
La población mundial ya está familiarizada con las pruebas rápidas de antígenos para el diagnóstico de COVID-19, sin embargo, un estudio viene a cambiar la percepción que tenemos de ellas.
Científicos de la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard y el Centro Médico Beth Israel Deaconess se propusieron analizar qué tan bien pueden estas pruebas detectar las variantes preocupantes del SARS-CoV-2.
Lee también: El deterioro cerebral por COVID-19 equivale a 20 años de envejecimiento
Para ello, utilizaron las pruebas Binax, CareStart, GenBody y LumiraDx y determinaron qué tan sensibles son contra las variantes de preocupaciones, incluidas Delta y Ómicron.
Al diferenciar los límites de detección (LoD, por sus siglas en inglés) – la cantidad más pequeña de antígeno viral detectable-, encontraron que las cuatro pruebas son sensibles a Ómicron.
Sin embargo, tres de ellas no fueron capaces de detectar la variante Delta.
Lee también: Tras limitación en EE.UU: 5 datos sobre la vacuna contra el COVID-19 de Johnson & Johnson
El equipo apunta que pese a que estas pruebas rápidas de antígenos representan una herramienta útil para la detección de infecciones por SARS-CoV-2, deben ser actualizadas constantemente para garantizar que cumplan con los objetivos impuestos por las autoridades sanitarias.
“A diferencia de las pruebas moleculares sensibles que detectan múltiples genes del SARS-CoV-2, las pruebas rápidas de antígenos se dirigen a una sola proteína viral“, dijo el coautor del estudio James Kirby, director del Laboratorio de Microbiología Clínica en BIDMC.
Medioambiente
Medioambiente
Salud
Espacio
Prehistoria
Sociedad