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La ciencia logra las primeras pistas sólidas sobre el esquivo gato dorado africano gracias a la IA y al conocimiento de las comunidades locales

La combinación de inteligencia artificial, cámaras trampa y saberes tradicionales permitió avanzar en el estudio del felino más misterioso de África, cuya población permanece en niveles críticos y altamente amenazada por la caza.

El gato dorado africano, uno de los felinos más enigmáticos del continente, ha sido históricamente casi invisible para la ciencia. Su presencia, limitada a los densos bosques de África Central y Occidental, permaneció durante décadas sin estimaciones poblacionales fiables, según la última revisión de la UICN, realizada hace más de diez años.

El primer gran avance llegó cuando el biólogo conservacionista Mwezi Mugerwa registró al animal en una cámara trampa instalada en el Parque Nacional Bwindi, en Uganda. Aunque ningún científico de su entorno pudo identificar a la especie, los habitantes locales la reconocieron de inmediato como Embaka, un conocimiento que se transformó en una pieza clave para comprender su comportamiento y distribución.

Durante los últimos 16 años, Mugerwa ha dedicado su carrera al estudio del felino, esfuerzo por el cual fue galardonado recientemente. La especie es tan elusiva que él mismo solo ha logrado verla tres veces en persona. Su determinación lo llevó a iniciar el primer censo poblacional completo de su rango geográfico, cuyos resultados se darán a conocer el próximo año.

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El uso de tecnología se convirtió en el motor del proyecto. En 2019, Mugerwa fundó la Alianza Africana para la Conservación del Gato Dorado, integrada por 46 especialistas de 19 países, que instaló la mayor red de cámaras trampa destinada a un solo felino en el continente, con apoyo de la National Geographic Society.

El desafío siguiente fue procesar miles de imágenes. Esa tarea, inicialmente manual, se volvió más eficiente gracias a algoritmos de inteligencia artificial desarrollados por la organización Panthera, capaces de identificar patrones únicos del pelaje y calcular densidades poblacionales con un grado de precisión nunca antes alcanzado.

Los primeros resultados muestran un escenario preocupante: incluso en áreas protegidas de Uganda y Gabón, las densidades apenas alcanzan 16 individuos por cada 100 kilómetros cuadrados. En zonas con restricciones de caza, las poblaciones son hasta un 50% mayores, lo que evidencia el impacto directo del furtivismo.

Uno de los riesgos más graves proviene de las trampas para carne de monte. En 2019, se registró que 80 gatos dorados quedaron atrapados accidentalmente en solo tres bosques ugandeses; más del 88% de esos casos fueron incidentales, lo que llevó a los investigadores a describir la situación como una “crisis de caza fuera de control”.

Para enfrentar esta realidad, Mugerwa impulsó el programa Embaka, que ya involucra a más de 8.000 familias en países como Gabón, Angola y Uganda. Ex cazadores colaboran hoy reportando avistamientos, instalando cámaras y participando en actividades de monitoreo, recibiendo incentivos que refuerzan la protección de la fauna. Este enfoque comunitario ha fortalecido la relación entre conservación y desarrollo local.

La investigación también confirmó que el gato dorado africano es mayoritariamente nocturno, comportamiento que podría deberse a la creciente presencia humana durante el día. Además, los testimonios de comunidades locales permitieron detectar nuevas áreas de distribución antes desconocidas para la ciencia.

El trabajo conjunto entre tecnología avanzada y conocimiento tradicional ha abierto una ventana inédita al mundo de este felino casi fantasmal, cuya supervivencia depende tanto de la innovación científica como de las comunidades que comparten su territorio.