Soledad en personas mayores se profundiza durante las fiestas de fin de año y enciende alertas de salud pública

Juan Andrés Galaz 23-12-2025

Especialista advierte que la falta de vínculos sociales en Navidad y Año Nuevo incrementa la fragilidad, la depresión y el deterioro funcional en la vejez.


La soledad en las personas mayores se ha consolidado como un problema de salud pública de alcance global y también en Chile, con efectos directos en la salud física, mental y social. Durante las celebraciones de fin de año, especialmente en Navidad y Año Nuevo, esta realidad tiende a intensificarse, exacerbando cuadros de vulnerabilidad que muchas veces permanecen invisibilizados el resto del año.


Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada seis personas en el mundo declara sentirse sola. Entre 2014 y 2019, esta condición se asoció a cerca de 100 muertes por hora, superando las 871 mil defunciones anuales, cifras comparables al impacto de factores de riesgo ampliamente reconocidos, como el tabaquismo o la inactividad física.


En el caso chileno, estudios longitudinales que han seguido a personas mayores muestran que quienes reportan sentirse solos realizan menos actividad física, presentan mayor sintomatología depresiva, perciben un menor apoyo social y mantienen redes de contacto más reducidas. A ello se suma un mayor nivel de fragilidad, entendida como una condición que incrementa el riesgo de dependencia, hospitalización y deterioro funcional.


“La soledad se presenta con mayor frecuencia en personas mayores que viven solas, que no cuentan con apoyo para enfrentar problemas cotidianos, que perciben su estado de salud como deficiente y que manifiestan insatisfacción con su participación en actividades diarias y comunitarias”, explica la doctora Alejandra Araya, investigadora del Instituto de Investigación de Cuidados de la Salud de la Universidad Andrés Bello.


Fiestas de fin de año: un factor que intensifica la experiencia de soledad


De acuerdo con la especialista, durante Navidad y Año Nuevo este fenómeno se vuelve más evidente, ya que estas fechas suelen asociarse a reuniones familiares, intercambio social y compañía, elementos que no siempre forman parte de la realidad cotidiana de muchas personas mayores. “Cuando las expectativas de encuentros y afecto no se cumplen, la soledad se experimenta con mayor intensidad, potenciando sentimientos de tristeza, desánimo y la reactivación de duelos por pérdidas significativas”, señala.


Frente a este escenario, la investigadora de la UNAB enfatiza que las conexiones sociales constituyen un factor clave, modificable y protector. Fortalecer los vínculos familiares, vecinales y comunitarios, promover la participación en actividades grupales significativas y facilitar espacios de encuentro intergeneracional son medidas que contribuyen a reducir la soledad, prevenir la progresión de la fragilidad y mejorar la calidad de vida.


“La conexión social debe situarse como un eje central de las políticas y programas dirigidos a las personas mayores, especialmente en períodos sensibles como las fiestas de fin de año, pero con una proyección permanente”, subraya la Dra. Araya. En ese sentido, destaca estrategias concretas como visitas domiciliarias, actividades recreativas y culturales, programas de voluntariado y líneas telefónicas de acompañamiento, como herramientas para avanzar hacia entornos más inclusivos y solidarios.