Rana asiática demuestra notable tolerancia al veneno de avispas gigantes y logra depredarlas sin efectos adversos, según nuevo estudio

Juan Andrés Galaz 05-12-2025
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Una investigación realizada en Japón reveló que la rana Pelophylax nigromaculatus puede enfrentar a avispas gigantes altamente venenosas sin presentar daños significativos, lo que abre nuevas líneas de estudio sobre la resistencia biológica de los anfibios frente a toxinas poderosas.


Un equipo de investigadores en Asia documentó un comportamiento inesperado en la rana de estanque Pelophylax nigromaculatus, una especie común en el este del continente: su capacidad para capturar, inmovilizar y devorar a distintas avispas gigantes —incluida la Vespa mandarinia, reconocida internacionalmente por la potencia y el dolor extremo que provoca su picadura— sin sufrir consecuencias fisiológicas relevantes.


El estudio, encabezado por el biólogo Shinji Sugiura, investigador de la Universidad de Kobe en Japón y publicado recientemente en Ecosphere, tuvo como objetivo analizar cómo este anfibio se relaciona y responde frente a tres especies de avispas pertenecientes al género Vespa.


Para ello, los científicos realizaron una serie de experimentos controlados que permitieron observar el comportamiento de ataque de las ranas y la reacción de las avispas, que intentaron defenderse mediante repetidos aguijonazos.


Pese a la agresividad de los insectos y a la toxicidad conocida de su veneno, los investigadores registraron que la gran mayoría de las ranas logró consumirlas por completo.


Lo más llamativo del estudio es que ninguna presentó efectos letales, alteraciones motoras, inflamaciones severas ni síntomas de estrés fisiológico posteriores al contacto directo con el veneno.


Según los autores, este nivel de tolerancia es “sorprendente” y podría estar vinculado a mecanismos bioquímicos específicos que permiten a la especie neutralizar o resistir toxinas de alta potencia. La Vespa mandarinia y sus parientes cercanos poseen compuestos capaces de generar dolor extremo, reacciones alérgicas y, en casos más graves, cuadros potencialmente mortales en animales mucho más grandes. Sin embargo, en estas ranas el veneno parece no tener mayor impacto.


El hallazgo abre una nueva línea de investigación sobre las adaptaciones defensivas de los anfibios frente a depredadores armados con sustancias tóxicas.


Según Sugiura, el estudio podría ofrecer pistas para el desarrollo de tratamientos biomédicos orientados a modular el dolor o mejorar la comprensión de cómo ciertos vertebrados metabolizan toxinas complejas.


Los investigadores subrayan que este comportamiento también influye en el equilibrio ecológico, ya que posiciona a la rana como un depredador inesperado de insectos considerados peligrosos para otros animales e incluso para seres humanos.