¿Podría el universo estar dentro de un agujero negro? La hipótesis que vuelve a tomar fuerza entre cosmólogos

Juan Andrés Galaz 18-11-2025

La teoría de que el universo pueda estar dentro de un agujero negro destaca la similitud matemática entre ambos y abre vías para investigaciones revolucionarias, aunque aún no existe evidencia concreta que la respalde completamente.


En la cosmología contemporánea vuelve a surgir un debate que durante décadas ha intrigado a físicos teóricos: la posibilidad de que el universo observable esté contenido dentro de un agujero negro. Aunque no forma parte del consenso científico, la idea ha recuperado atención debido a las similitudes matemáticas entre ambos sistemas.


De acuerdo con los modelos cosmológicos más aceptados, el espacio y el tiempo surgieron a partir de una singularidad, un punto de densidad y temperatura infinitas del cual emergió el universo tras el Big Bang. Esa estructura fundamental —una singularidad rodeada de un límite que define lo observable— también está presente en los agujeros negros descritos por la relatividad general de Albert Einstein.


En ambos casos aparece el horizonte de eventos, la frontera que marca el punto de no retorno para la luz y la materia. De manera llamativa, los cálculos indican que el radio del universo observable es comparable al que tendría un agujero negro con una masa equivalente a la del cosmos conocido, una coincidencia que ha despertado el interés de múltiples investigadores.


Científicos como Raj Kumar Pathria e I. J. Good comenzaron a explorar esta posibilidad en los años 70, y en la década de 1990 el físico Lee Smolin propuso que cada agujero negro podría generar un nuevo universo, un proceso que incluiría ligeras variaciones en sus constantes físicas. Estas ideas, aunque especulativas, buscan explicar ciertos patrones cosmológicos que permanecen sin respuesta.


Sin embargo, los desafíos para comprobar estas hipótesis siguen siendo enormes. Las observaciones muestran que el universo es sorprendentemente homogéneo a gran escala, lo que dificulta vincular su origen con el colapso turbulento de una estrella, mecanismo que forma los agujeros negros conocidos. A esto se suma la falta de una teoría unificada que conecte satisfactoriamente la relatividad general con la mecánica cuántica, condición necesaria para describir con precisión el comportamiento de las singularidades.


Pese a las dudas, el debate impulsa a la comunidad científica a explorar los límites de su conocimiento actual. Comprender si existe una conexión profunda entre el universo y los agujeros negros podría transformar radicalmente la visión que tenemos sobre el origen, la estructura y el destino del cosmos.