Estudio plantea que la expansión del universo estaría perdiendo velocidad y reabre el debate sobre el verdadero comportamiento de la energía oscura

Juan Andrés Galaz 21-11-2025

Un equipo internacional plantea que la expansión cósmica habría comenzado a desacelerarse, cuestionando la idea de una energía oscura constante y desatando un intenso debate en la comunidad científica. La próxima generación de observatorios será clave para verificar si se trata del mayor giro cosmológico desde 1998.


Un análisis publicado en 2024 volvió a sacudir los cimientos de la cosmología moderna al postular que la expansión del universo podría estar disminuyendo.


La hipótesis, planteada por un grupo de investigadores encabezado por Young-Wook Lee, de la Universidad de Yonsei (Corea del Sur), contraviene el paradigma vigente desde hace más de dos décadas, según el cual la energía oscura mantiene una aceleración continua del cosmos.


Desde 1998, las observaciones de supernovas Tipo Ia han sustentado el modelo dominante: estas explosiones estelares parecían alejarse cada vez más rápido, respaldando la existencia de una fuerza repelente —la energía oscura— cuya presencia dio pie al Premio Nobel de Física 2011. Sin embargo, la naturaleza de ese componente nunca ha sido esclarecida.


La discusión tomó fuerza en 2023, cuando el Dark Energy Spectroscopic Instrument (DESI), ubicado en Arizona, presentó el mayor mapa tridimensional del universo construido hasta ahora. Sus datos sugirieron que la energía oscura podría estar perdiendo intensidad con el paso del tiempo. La nueva investigación, publicada en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, profundiza esta línea: tras examinar 300 galaxias con supernovas Tipo Ia, los autores concluyen que la expansión habría iniciado ya una fase de desaceleración.


El estudio introduce un elemento que podría cambiar la forma de medir distancias cósmicas. Según sus hallazgos, la luminosidad de las supernovas varía dependiendo de la edad de la estrella progenitora: las más jóvenes serían algo más tenues, mientras que las más antiguas resultarían ligeramente más brillantes. Con un nivel de confianza del 99,99%, esta corrección permitiría refinar de manera significativa las estimaciones sobre la expansión del universo.


De confirmarse esta hipótesis, el impacto sería profundo. La energía oscura dejaría de ser considerada una constante cosmológica y se transformaría en una magnitud variable. En escenarios extremos, el universo incluso podría encaminarse hacia un proceso de contracción, conocido como Big Crunch, una posibilidad que hasta hace poco se consideraba remota.


No obstante, las conclusiones han generado un fuerte escepticismo. Distintos especialistas cuestionan la metodología utilizada y sostienen que las supernovas más recientes suelen ubicarse en zonas activas de formación estelar, lo que contradice la relación propuesta entre edad y luminosidad. Otros investigadores reconocen el valor de explorar alternativas, pero advierten que se requieren evidencias extraordinarias para poner en duda el modelo de aceleración vigente.


La última palabra podría llegar a partir de 2026, cuando el Observatorio Vera C. Rubin inicie su ambicioso Legacy Survey of Space and Time (LSST). La recopilación de decenas de miles de nuevas supernovas permitirá comprobar si la edad de las progenitoras altera realmente la medición de distancias y, con ello, si la energía oscura es tan inestable y enigmática como sugieren estas investigaciones. El desenlace podría redefinir el futuro de la cosmología.