Mujeres tienen mayor riesgo genético de depresión, según estudio internacional
La investigación, que analizó los perfiles de más de 190.000 personas, identificó 16 variantes genéticas asociadas a la enfermedad en mujeres, frente a ocho en hombres, y sugiere que factores metabólicos y ambientales también influyen en estas diferencias.
Un estudio internacional liderado por el Instituto de Investigación Médica QIMR Berghofer en Australia reveló diferencias genéticas significativas en la predisposición a la depresión mayor entre hombres y mujeres, colocando al sexo femenino con un riesgo considerablemente más alto. La investigación, publicada en Nature Communications en 2024, es uno de los análisis más grandes realizados hasta ahora en este ámbito.
El equipo identificó 16 variantes genéticas asociadas a la depresión en mujeres, frente a solo ocho en hombres, confirmando que la susceptibilidad a la enfermedad no se distribuye de manera uniforme entre los géneros. Según la Dra. Brittany Mitchell, experta en epidemiología genética, este hallazgo respalda que las mujeres tienen el doble de probabilidades de sufrir depresión durante su vida.
El estudio analizó datos de 130.471 mujeres y 64.805 hombres diagnosticados con depresión en cinco cohortes internacionales de Australia, Países Bajos, Estados Unidos y Reino Unido. Entre los hallazgos destaca una mayor correlación genética en mujeres entre depresión y rasgos metabólicos, como el índice de masa corporal y el síndrome metabólico, lo que podría explicar síntomas como cambios de peso y energía.
Los investigadores señalan que factores sociales, psicológicos y ambientales, como la exposición a violencia, también influyen en estas diferencias, subrayando la necesidad de un enfoque integral para entender la depresión.
El profesor Philip Mitchell, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, destacó que estas conclusiones abren la puerta a tratamientos personalizados según sexo, dado que las regiones genéticas afectadas difieren notablemente entre hombres y mujeres.
Este estudio marca un hito en la investigación genética sobre la depresión y sugiere nuevas oportunidades para intervenciones clínicas adaptadas al sexo del paciente.