La pérdida de olfato podría ser una señal temprana de Parkinson y Alzheimer

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José Ferrada 03-10-2025

Investigaciones revelan que la capacidad disminuida para percibir olores precede en años la aparición de síntomas en enfermedades neurodegenerativas, ofreciendo una ventana única para diagnóstico precoz.


La pérdida del sentido del olfato, frecuentemente subestimada, podría constituir una crucial señal de alerta temprana para enfermedades neurodegenerativas como Parkinson y Alzheimer. Estudios científicos demuestran que este síntoma aparece años antes de que se manifiesten los primeros indicios motores o cognitivos de estas condiciones.


El olfato como ventana cerebral


El bulbo olfativo, ubicado cerca de la nariz, funciona como puerta de entrada al sistema nervioso. Esta pequeña área del prosencéfalo recibe señales olfativas y las envía directamente a las áreas del cerebro que gestionan nuestra memoria y emociones. Cuando este circuito se altera, surgen problemas con el olfato mucho antes de los primeros signos de demencia o trastornos motores.


En el Parkinson, la enfermedad puede iniciarse en el bulbo olfativo antes de extenderse a áreas que controlan el movimiento. Hasta el 90% de los pacientes con Parkinson experimentan pérdida olfativa, que se manifiesta de manera selectiva: perciben olores agradables como el chocolate, pero tienen dificultad para detectar olores neutros o desagradables como jabón, humo o caucho.


Casos extraordinarios como el de Joy Milne, una mujer escocesa que detectó un olor "amaderado y almizclado" en su esposo 12 años antes de su diagnóstico de Parkinson, confirman la conexión entre olfato y neurodegeneración.


Para el Alzheimer, investigaciones recientes sugieren que el daño podría comenzar en el locus coeruleus, una región del tronco cerebral conectada al bulbo olfativo. Cuando esa conexión se rompe, se producen alteraciones en la percepción de olores que anticipan el desarrollo de demencia.


Expertos subrayan que identificar estos síntomas tempranos permitiría diagnósticos más precoces y acceso a tratamientos más efectivos, mejorando la calidad de vida de los pacientes.


Basado en información de Jannette Rodríguez Pallares, Profesora Titular de Anatomía y Embriología Humana, Universidade de Santiago de Compostela, para The Conversation.