La neurociencia explica por qué olvidamos palabras que “tenemos en la punta de la lengua”

Juan Andrés Galaz 24-12-2025

Un fenómeno cotidiano que no implica un fallo de memoria, sino un bloqueo momentáneo del lenguaje, revela cómo interactúan la memoria, el control cognitivo y distintas áreas del cerebro cuando una palabra está disponible, pero no logra ser pronunciada.


Esa frustrante sensación de saber una palabra pero ser incapaz de pronunciarla tiene una explicación científica y, según la neurociencia, no responde a una patología ni a un deterioro de la memoria. Se trata de un fenómeno conocido como tip-of-the-tongue (TOT), o “punta de la lengua”, una experiencia común que revela cómo interactúan el lenguaje, la memoria y el control cognitivo en el cerebro humano.


Lejos de tratarse de un simple olvido, durante un episodio de TOT el recuerdo permanece activo. La persona suele ser capaz de identificar características parciales del término buscado, como el número de sílabas, la letra inicial o la posición del acento, aunque la palabra completa no logre emerger. Este tipo de evocación incompleta es lo que los especialistas denominan “recuerdo genérico”, una evidencia de que la información sigue disponible, pero no plenamente accesible.


Desde el punto de vista neurocognitivo, una de las hipótesis más respaldadas apunta a un fallo transitorio en la recuperación fonológica. En condiciones normales, el significado de una palabra activa su representación léxica y, a partir de ella, se desencadena la activación de los sonidos que la componen. En los episodios de “punta de la lengua”, ese proceso queda interrumpido, lo que impide que el término se exprese verbalmente.


Los estudios también han demostrado que factores como el envejecimiento o el bilingüismo pueden modificar estas conexiones, aumentando la probabilidad de experimentar este fenómeno. En ese contexto, es habitual que aparezcan palabras intrusas, similares en forma o significado, que lejos de ayudar, dificultan la recuperación. Por esta razón, los expertos recomiendan no sugerir términos cuando alguien atraviesa un episodio de este tipo.


Las técnicas de neuroimagen han permitido identificar una mayor activación cerebral en regiones como la corteza prefrontal y la corteza cingulada anterior, áreas asociadas al control cognitivo y a la búsqueda de estrategias alternativas para resolver el bloqueo. Este esfuerzo mental se acompaña, además, de respuestas fisiológicas como la dilatación de las pupilas, vinculadas a la anticipación del alivio que produce recordar la palabra olvidada.


Finalmente, cuando el término emerge, la resolución suele ir acompañada de una intensa sensación de satisfacción y recompensa. Para los especialistas, este momento confirma que el cerebro es capaz de reorganizar la información y recuperar lo que parecía perdido, una muestra cotidiana de la complejidad y resiliencia de la memoria humana.