La moda de imitar el arte de Studio Ghibli con IA y sus consecuencias ambientales, éticas y de derechos de autor


Mientras miles de usuarios generan imágenes al estilo del estudio japonés con herramientas como ChatGPT, expertos alertan sobre su alto consumo energético, impacto ambiental y posibles violaciones a la propiedad intelectual.
Una avalancha de imágenes generadas por inteligencia artificial que imitan el estilo de Studio Ghibli ha invadido redes sociales, impulsada por la nueva herramienta de OpenAI. Sin embargo, esta tendencia viral esconde graves problemas ambientales, éticos y legales, desde un desmesurado gasto de agua y energía hasta el uso cuestionable de obras protegidas para entrenar los algoritmos.
Un costo ambiental oculto
Cada imagen creada con IA consume tanta energía como cargar un teléfono móvil y requiere hasta 3.5 litros de agua para el enfriamiento de servidores, según estudios recientes. Con millones de usuarios generando contenido, el impacto se multiplica: cinco imágenes equivalen a 17 litros de agua desperdiciados, una cifra alarmante en un contexto de crisis climática.
"La IA no solo replica estilos artísticos sin permiso, sino que lo hace a un costo ambiental insostenible", advirtió Sasha Luccioni, investigadora de Hugging Face, según reportó Infobae. Los centros de datos que alimentan estas herramientas, como los de Microsoft para GPT-4, ya registran aumentos del 37% en consumo hídrico, según la Universidad de California.
El rechazo de Hayao Miyazaki y la polémica legal
El fundador de Studio Ghibli, Hayao Miyazaki, ha calificado el arte generado por IA como "un insulto a la vida misma". Su postura refleja el desdén de muchos artistas hacia sistemas que replican su trabajo sin compensación ni consentimiento. "La herramienta de un animador es el lápiz, no un algoritmo que roba estilos", declaró en 2021.
El debate legal se intensifica: aunque el "estilo Ghibli" no está patentado, los modelos de IA podrían haberse entrenado con millones de fotogramas de sus películas, algo que OpenAI no ha aclarado. "Si usaron material protegido, esto podría ser una violación masiva de derechos de autor", señaló Evan Brown, abogado especializado en propiedad intelectual, según reportó TechCrunch.
Demandas y falta de transparencia
OpenAI ya enfrenta demandas de The New York Times y editoriales por usar contenido protegido para entrenar sus modelos. Mientras, la compañía evita revelar detalles clave: "No sabemos qué datos alimentan a ChatGPT ni cuánta energía gasta", criticó Luccioni. Esta opacidad dificulta regular el impacto real de la IA.
Aunque OpenAI bloquea la imitación de artistas vivos, permite copiar "estilos de estudios", un vacío que aprovechan los usuarios. "Es hipócrita: el estilo de Ghibli lo definen artistas como Miyazaki, que rechazan esta tecnología", afirmó Brown.
Consecuencias a largo plazo
Más allá de lo legal, la normalización de estas herramientas devalúa el trabajo artesanal y fomenta un consumo irresponsable de recursos. "Cada imagen ‘Ghiblificada’ acerca más al colapso energético y al robo sistemático de creatividad", concluyó Luccioni.
Mientras los tribunales deciden si el entrenamiento de IA con arte ajeno es "uso justo", la moda sigue creciendo, pero su huella tóxica —ambiental, ética y legal— ya es imborrable.