La ciencia cuestiona soluciones alimentarias que hoy se presentan como respuesta a la crisis ambiental y climática

Juan Andrés Galaz 19-12-2025

Una revisión de investigaciones académicas alerta sobre la falta de datos sólidos para respaldar algunas estrategias promovidas como respuestas frente a la crisis alimentaria y ambiental.



Un estudio científico internacional, desarrollado por un equipo de investigadores especializados en sistemas alimentarios, sostenibilidad y políticas públicas, puso en cuestión la solidez de la evidencia que respalda diversas estrategias impulsadas en los últimos años como respuestas a los desafíos del sistema alimentario global, entre ellos el cambio climático, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad ambiental.


La investigación fue elaborada por académicos de instituciones internacionales y se basó en una revisión crítica y sistemática de literatura científica, que incluyó decenas de estudios publicados en revistas indexadas y reportes técnicos.


El estudio fue encabezado por investigadores de la University of Oxford (Reino Unido), entre ellos: Marco Springmann, investigador en sistemas alimentarios y sostenibilidad; Michaela E. Zurek, académica especializada en políticas alimentarias y medioambiente; Peter Scarborough, investigador en nutrición y salud pública; James Smith, académico con foco en sistemas alimentarios y evaluación de políticas y Mike Rayner, profesor e investigador en salud pública y nutrición.


El objetivo del trabajo fue evaluar si las políticas y prácticas que hoy se promueven bajo el concepto de alimentación sostenible cuentan efectivamente con respaldo empírico robusto y verificable.



Según explican los autores, los resultados evidencian una brecha significativa entre las promesas asociadas a ciertas intervenciones alimentarias y la evidencia científica disponible. En múltiples casos, beneficios ampliamente difundidos —como la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, mejoras nutricionales o impactos positivos en la biodiversidad— no estarían suficientemente demostrados mediante estudios comparativos, mediciones de largo plazo o metodologías replicables, pilares básicos del método científico.


El análisis también advierte que una parte importante de la información utilizada para promover estas soluciones proviene de informes institucionales, documentos de política pública o literatura no revisada por pares, lo que dificulta evaluar su rigor académico. A ello se suma una escasez de investigaciones con grupos de control, seguimiento temporal y datos cuantificables, elementos clave para validar resultados y extraer conclusiones confiables.


Otro de los aspectos críticos identificados por el equipo investigador es la falta de evaluaciones integrales sobre costos y efectos colaterales. Los autores sostienen que, en determinados contextos, estas estrategias podrían generar impactos no previstos o resultar menos eficientes que alternativas ya existentes, especialmente cuando se implementan a gran escala o con financiamiento público.


“El problema no es innovar, sino asumir que toda innovación es positiva sin una evaluación rigurosa”, advierten los investigadores, quienes llaman a reforzar los estándares científicos antes de adoptar este tipo de políticas como respuestas estructurales a la crisis alimentaria mundial.


En sus conclusiones, el estudio plantea la necesidad de mayor transparencia, monitoreo continuo y toma de decisiones basada en datos, recomendando que gobiernos, organismos internacionales y actores privados prioricen aquellas intervenciones que cuenten con evidencia empírica sólida, metodologías claras y resultados comprobables.