Investigadores reabren el misterio sobre la causa de muerte de Jane Austen, 208 años después

Juan Andrés Galaz 12-12-2025

La célebre novelista británica falleció a los 41 años, dejando tras de sí una enfermedad nunca diagnosticada. Nuevos estudios médicos y literarios intentan reconstruir sus últimos meses a partir de cartas, testimonios y escasos registros físicos.


A más de dos siglos de su muerte, la figura de Jane Austen continúa generando preguntas que la literatura y la medicina aún no logran responder. La autora de Orgullo y prejuicio murió el 18 de julio de 1817, a los 41 años, tras una larga enfermedad cuyo origen permanece indeterminado. Con la proximidad del 250° aniversario de su nacimiento, investigadores de distintas disciplinas han retomado el análisis de sus síntomas, recurriendo a cartas, recuerdos familiares y descripciones personales para reconstruir su deterioro físico.


Durante sus últimas ocho semanas, Austen vivió en el número 8 de College Street, en Winchester, donde buscaba tratamiento mientras su salud fluctuaba entre mejorías breves y recaídas severas. Su correspondencia —junto con los testimonios de su hermana, Cassandra— describe un cuadro persistente de dolor articular, fatiga extrema, fiebre, episodios de debilidad y un característico sarpullido facial que ella misma definió como estar “negra y blanca y de todos los colores equivocados”.


La falta de antecedentes clínicos directos ha obligado a los especialistas a recurrir a diagnósticos retrospectivos. En 1964, una de las primeras hipótesis sugería que Austen podría haber padecido enfermedad de Addison, una afección endocrina crónica. Investigaciones posteriores apuntaron a posibles casos de cáncer gástrico, tuberculosis o incluso linfoma. Sin embargo, ninguno de estos diagnósticos explica por completo la intermitencia de sus síntomas ni las fases de aparente recuperación.


Uno de los estudios más influyentes en la discusión reciente fue elaborado por los médicos británicos Michael D. Sanders y Elizabeth Graham, ambos especialistas en oftalmología médica. Tras revisar cada carta sobreviviente de la autora, concluyeron que los síntomas se ajustan con mayor precisión a un cuadro de lupus eritematoso sistémico, una enfermedad autoinmune descrita décadas después de la muerte de Austen y caracterizada por brotes, remisiones y un compromiso multisistémico.


Los investigadores descartaron el linfoma por la ausencia de referencias a ganglios inflamados, y también la tuberculosis, una patología que los médicos de la época habrían reconocido con relativa facilidad. El lupus, en cambio, explicaría sus dolores articulares, la irregularidad de la enfermedad, la erupción cutánea y el deterioro progresivo que la llevó a la muerte en un lapso cercano a un año.


Aunque existen tres muestras de cabello atribuidas a Austen —conservadas en su casa-museo—, los estudios realizados hasta ahora no han permitido extraer conclusiones médicas útiles. Dos de los mechones presentaban contaminación por almacenamiento en relicarios metálicos, y el tercero solo mostró niveles normales de elementos químicos. La ausencia de raíz capilar, necesaria para estudios genéticos modernos, limita cualquier análisis definitivo.


Lo que sí se conoce con claridad son sus últimos días en Winchester. En junio de 1817 su salud se agravó rápidamente; dormía extensamente, tenía un pulso débil y apenas podía levantarse. El 15 de julio dictó un poema humorístico a su hermana; esa misma noche sufrió una convulsión y entró en un estado crítico del que no despertó. Murió a las 4:30 de la madrugada del 18 de julio, recostada sobre el regazo de Cassandra, quien luego describió la pérdida como “la de una parte de mí misma”.


Para académicos y admiradores, el enigma de su muerte también ha permitido releer obras como Persuasión y Sanditon, donde la enfermedad, la fragilidad y la búsqueda de alivio en tratamientos de la época ocupan un lugar central. Sin registros clínicos concluyentes, la causa exacta de su fallecimiento seguirá siendo una incógnita, pero el debate actual abre nuevas perspectivas sobre la vida de una autora cuya escritura continúa revelando significados —y preguntas— a cada generación.