Especialistas advierten: niños no deberían usar inteligencia artificial antes de los 16 años
El debate sobre la presencia de la inteligencia artificial en la vida de niños y adolescentes crece entre educadores y expertos, quienes alertan sobre posibles impactos en la maduración de habilidades esenciales y llaman a regular su incorporación en etapas tempranas.
La rápida expansión de la inteligencia artificial (IA) ha transformado hábitos cotidianos y entornos de aprendizaje en todo el mundo. Hoy, herramientas capaces de generar textos, resolver problemas, entregar explicaciones y acompañar procesos educativos están al alcance de cualquier usuario, incluidos niños y adolescentes. Este escenario ha impulsado un debate sobre los efectos que estas tecnologías podrían tener en etapas tempranas del desarrollo.
Especialistas en educación y bienestar infantil sostienen que, pese a sus beneficios operativos, la IA plantea desafíos significativos cuando se incorpora sin supervisión durante la infancia.
La principal preocupación es la posible interferencia en la consolidación de habilidades cognitivas fundamentales, especialmente aquellas que se construyen a partir de la experiencia, la práctica y la resolución autónoma de problemas.
“La herramienta es una maravilla, no lo vamos a dudar, pero tenemos que pensar que nuestros niños están en una etapa de desarrollo. Por lo tanto, no todas las herramientas van a ser una maravilla para ellos”, dice Soledad Garcés, directora del Diplomado en Bienestar Socioemocional y Convivencia Escolar de la Universidad de los Andes.
La especialista sostiene que es fundamental postergar lo más posible el acceso de niños y adolescentes a herramientas de inteligencia artificial, de modo que primero consoliden sus habilidades cognitivas propias.
A su juicio, los menores necesitan fortalecer su capacidad natural de razonamiento antes de apoyarse en tecnologías externas. Enfatiza que la preocupación no está en la IA como herramienta, sino en su uso prematuro, ya que cada vez que un niño recurre a ella deja de ejercitar procesos mentales que aún están en pleno desarrollo.
Por esto mismo, sugiere que el uso de estas plataformas no se incorpore antes de los 16 años, o que, en caso de hacerlo, se introduzca de manera gradual y bajo supervisión adulta, dado que todavía existen estructuras de pensamiento que deben madurar.
La académica recuerda que el desarrollo infantil se basa en la acumulación de pequeñas tareas y experiencias cotidianas. Incluir ayudas tecnológicas demasiado temprano, advierte, podría interferir en la construcción de habilidades esenciales. Subraya que el desafío no radica en la herramienta en sí, sino en permitir que los niños sigan fortaleciendo su inteligencia natural antes de apoyarse en soluciones automatizadas.