¿Insectos con mente propia? La ciencia explora la conciencia más allá de los mamíferos

Juan Andrés Galaz 21-10-2025

Nuevos estudios sugieren que la conciencia no se limita a grandes mamíferos: insectos, pulpos e incluso moscas podrían experimentar formas rudimentarias de vida interior.


El estudio de la conciencia animal ha experimentado un rápido avance durante 2024, con un giro hacia especies tradicionalmente poco consideradas, como insectos y moluscos.


Publicaciones recientes, entre ellas Nature, han abierto un debate sobre si criaturas con sistemas nerviosos muy distintos al humano podrían poseer algún grado de experiencia subjetiva o “vida interior”.


Durante décadas, la investigación sobre conciencia se centró en animales como chimpancés, elefantes o cuervos, cuyas conductas complejas sugerían autoconciencia o pensamiento abstracto.


Sin embargo, nuevas líneas de estudio están ampliando ese enfoque hacia organismos como los pulpos, abejas e incluso moscas, cuestionando los límites previos de lo que se entiende por mente consciente.


Un estudio publicado en Nature (vol. 629, 2024) advierte que los métodos clásicos para medir conciencia —basados en inteligencia o autorreconocimiento— resultan insuficientes para abarcar la diversidad animal. Algunos insectos sostienen los autores, muestran comportamientos tan elaborados que desafían explicaciones puramente mecánicas.


Entre los trabajos más citados figuran las investigaciones de Nieder y colaboradores (2020), que identificaron procesos de toma de decisiones avanzados en aves, y las de Crook (2021), quien analizó las respuestas emocionales de cefalópodos y su posible relación con la noción de subjetividad. Más recientemente, el equipo de Anthoney (2023) observó indicios de procesamiento consciente en abejas, lo que sugiere que la conciencia no sería exclusiva de los vertebrados.


Estas conclusiones reabren un debate ético y científico. Mientras algunos especialistas califican estas teorías de especulativas o “seudocientíficas”, otros sostienen que representan un paso esencial hacia una comprensión más amplia de la mente animal y de sus implicancias en materia de bienestar y legislación, especialmente en especies usadas en experimentación.


Con cada nuevo hallazgo, los científicos se ven obligados a redefinir qué entendemos por conciencia y a quiénes podría aplicarse. La evidencia emergente sugiere que, quizá, la frontera entre la mente humana y la de otros seres vivos sea mucho más difusa de lo que se pensaba.