¿Qué solía comer la población que componía el Imperio Mongol durante el siglo XIII?
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Un equipo de científicos internacionales reveló este hallazgo, a través del análisis de cálculos dentales humanos encontrados en un cementerio al norte de la actual Mongolia. Por primera vez se encontraron proteínas asociadas gracias a las condiciones ambientales del lugar.
El Imperio Mongol (1206-1368) fue un pueblo nómade relacionado con las tribus túrquidas. Durante el siglo XIII crearon el más grande de todas las organizaciones políticas euroasiáticas de la época, que en su momento culminante se extendía desde las fronteras de Polonia hasta el Mar del Japón y desde los bosques de Siberia hasta el Golfo Pérsico.
Solían arrear entre ovejas, cabras, caballos, camellos o yaks y se desplazaban según las estaciones. Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Communication Biology identificó una fecha exacta en la que la élite del imperio bebía leche de yak.
Esto se logró gracias a través del análisis de cálculos dentales humanos de individuos enterrados en un cementerio de élite bajo capas de permafrost en la provincia de Khovsgol y al norte de la actual Mongolia, donde la gente continúa criando a este mamífero rumiante hasta el día de hoy.
Estudios anteriores indican que la leche ha sido un recurso fundamental en Mongolia durante más de 5000 años y hasta ahora, ha sido difícil determinar cuándo las personas comenzaron a beber leche de yak.
Comprender cuándo y dónde los humanos domesticaron esta especie icónica se ha limitado a restos que rara vez son recuperados o simbolizados a través de representaciones artísticas. Sin embargo, no está claro si son salvajes o domésticos.
“Lo que es realmente emocionante es que entre las vacas y los yaks, solo hay una única diferencia en la secuencia de aminoácidos en la proteína de la leche que se recupera con más frecuencia y, en este caso, pudimos recuperar la parte que es específica del yak, Bos mutus”, dijo en un comunicado el codirector del estudio Shevan Wilkin de la Universidad de Zúrich y el Instituto Max Planck.
De esta forma, por primera vez se encontraron proteínas asociadas a la leche, la sangre y otros tejidos, debido a la increíble conservación que se hizo posible gracias a las condiciones ambientales.
“Nuestro hallazgo más importante fue una mujer de élite enterrada con un sombrero de corteza de abedul llamado bogtog y túnicas de seda que representaban a un dragón dorado de cinco garras. Nuestros análisis proteómicos concluyeron que ella bebió leche de yak durante su vida”, agregó en Alicia Ventresca-Miller , profesora asistente de antropología de la Universidad de Michigan y coautora de la investigación.