Hablar más de un idioma podría reducir a la mitad el riesgo de envejecimiento cerebral acelerado, según estudio de la UAI
La investigación, liderada por el neurocientífico chileno Agustín Ibáñez, de la Universidad Adolfo Ibáñez, analizó datos de más de 86.000 adultos de entre 51 y 90 años, provenientes de 27 países europeos.
Hablar varios idiomas no solo abre puertas culturales y laborales: también podría ser clave para mantener el cerebro joven.
Así lo demuestra un estudio publicado el 10 de noviembre de 2025 en la revista Nature Aging, que concluye que las personas bilingües o multilingües tienen hasta un 50% menos de probabilidades de mostrar signos de envejecimiento cerebral acelerado en comparación con quienes hablan un solo idioma.
La investigación, liderada por el neurocientífico chileno Agustín Ibáñez, de la Universidad Adolfo Ibáñez, analizó datos de más de 86.000 adultos de entre 51 y 90 años, provenientes de 27 países europeos. Este estudio masivo marca un precedente, al ofrecer evidencia sólida y generalizable sobre los beneficios cognitivos del multilingüismo, que hasta ahora se habían sustentado en muestras más pequeñas.
El equipo evaluó la llamada “brecha bio-comportamental de la edad”, que compara la edad cronológica con una edad cerebral estimada según parámetros fisiológicos, cognitivos y sociales. Una brecha menor sugiere un envejecimiento más lento, y en este estudio, el uso de múltiples idiomas se asoció directamente con esa desaceleración.
Los resultados mostraron que el control de un segundo idioma se consolida como un factor protector clave, incluso después de ajustar por otras variables como la educación, la salud cardiometabólica o los hábitos de vida.
Expertos internacionales, como Christos Pliatsikas (Universidad de Reading, Reino Unido) y Susan Teubner-Rhodes (Universidad de Purdue, EE. UU.), coincidieron en que estos hallazgos podrían redefinir el papel del aprendizaje lingüístico en la prevención del deterioro cognitivo.
El estudio destaca además el uso de técnicas computacionales avanzadas para analizar el envejecimiento cerebral a gran escala, superando limitaciones de investigaciones previas.
En palabras de Ibáñez, los resultados “refuerzan la idea de que mantener la mente activa y el lenguaje en práctica es una forma accesible y poderosa de cuidar la salud cerebral a largo plazo”.
El trabajo invita a repensar el valor del aprendizaje continuo de idiomas, no solo como herramienta cultural, sino como una estrategia preventiva contra el envejecimiento del cerebro.