Estudio revela que la ausencia de humanos durante la pandemia del COVID-19 transformó a las aves urbanas

Juan Andrés Galaz 26-12-2025

La disminución de personas en las calles durante la pandemia alteró la disponibilidad de alimentos en las ciudades, lo que llevó a que ciertas aves modificaran rápidamente su forma de alimentarse y, con ello, su desarrollo físico.


La interrupción casi total de la vida urbana durante los meses más estrictos de la pandemia de Covid-19 no solo transformó los hábitos humanos, sino que también dejó huellas visibles en la fauna urbana. Así lo concluye un estudio científico que detectó modificaciones físicas en aves nacidas durante el periodo de confinamiento.


La investigación, difundida recientemente por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), analizó cómo la ausencia de personas, vehículos y residuos alimentarios influyó en el desarrollo de una población de juncos de ojos oscuros (Junco hyemalis), una especie ampliamente distribuida en entornos urbanos de Norteamérica.


El trabajo fue liderado por científicas de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), quienes monitorearon a cientos de ejemplares antes, durante y después de las restricciones sanitarias impuestas en marzo de 2020. Los resultados mostraron que las aves nacidas en pleno confinamiento desarrollaron picos con características distintas a las observadas en generaciones previas.


Tradicionalmente, los juncos que habitan ciudades presentan picos más cortos y robustos, una adaptación evolutiva que les permite alimentarse con mayor eficiencia de restos de comida humana. Sin embargo, al desaparecer estos desechos durante la denominada “antropausa”, las aves debieron recurrir nuevamente a fuentes naturales de alimento, lo que se reflejó en una morfología similar a poblaciones silvestres.


Según el estudio, este cambio no fue permanente. Con el retorno progresivo de la actividad humana —incluyendo estudiantes, trabajadores y circulación habitual—, las generaciones posteriores volvieron a exhibir el denominado “pico urbano”, evidenciando una notable capacidad de adaptación en un corto periodo de tiempo.


Las autoras del estudio subrayaron que estos hallazgos dan cuenta de una alta sensibilidad adaptativa de la fauna urbana frente a las modificaciones del entorno provocadas por la presencia —o ausencia— humana. Aunque aún se investigan los mecanismos genéticos involucrados, la principal hipótesis apunta a la dieta como factor determinante en estos cambios morfológicos.


El estudio abre nuevas interrogantes sobre el impacto cotidiano de la actividad humana en los procesos evolutivos y refuerza la idea de que incluso acciones aparentemente menores, como la generación de residuos alimentarios, pueden influir directamente en la biodiversidad urbana.