Estudio pone en duda la eficacia de los “bosques de bolsillo” en ciudades y advierte falta de evidencia sobre sus beneficios ambientales

Juan Andrés Galaz 18-12-2025

Una investigación publicada en la revista Journal of Applied Ecology advierte que los llamados bosques Miyawaki carecen de respaldo científico sólido en aspectos clave como captura de carbono, crecimiento acelerado y autosustentabilidad, pese a su creciente uso en proyectos urbanos.


Un estudio internacional, con participación del investigador Dylan Craven, académico de la Universidad Mayor e investigador titular de Data Observatory, cuestiona la efectividad de los denominados bosques Miyawaki o bosques de bolsillo, una técnica de reforestación urbana que en los últimos años ha sido promovida como una solución rápida frente al cambio climático, la contaminación del aire y el ruido ambiental.


La investigación fue publicada recientemente en la prestigiosa revista británica Journal of Applied Ecology y fue desarrollada junto a Leonardo Durán (Universidad Mayor), Narkis Morales (New Zealand Institute for Bioeconomy Science Limited) e Ignacio Fernández (Universidad Adolfo Ibáñez).


El método Miyawaki, creado en la década de 1970 por el botánico japonés Akira Miyawaki, propone la plantación densa de especies nativas en pequeñas superficies urbanas, con la promesa de lograr un crecimiento hasta diez veces más rápido, alcanzar la madurez ecológica en dos o tres décadas y convertirse en sistemas autosuficientes en pocos años. Sin embargo, el nuevo estudio detecta una brecha significativa entre estas afirmaciones y la evidencia científica disponible.


Según los resultados, existe evidencia débil o inexistente que respalde varios de los beneficios más difundidos del método, como el crecimiento acelerado, una mayor captura de carbono o la autosostenibilidad temprana. Además, los autores plantean que se trata de una técnica costosa, especialmente cuando se compara con otras alternativas de restauración ecológica urbana.


“Nuestros resultados indican claramente la brecha entre la eficacia que se atribuye a los bosques Miyawaki y lo que realmente muestran los datos científicos disponibles”, señaló el Dr. Dylan Craven, quien subrayó la necesidad de evaluar con mayor rigurosidad este tipo de intervenciones.


El análisis revisó 51 documentos, entre artículos científicos y reportes técnicos, conocidos como literatura gris. De ese total, solo 21 estudios incluían mediciones reales y cuantificables, mientras que cerca del 60% no aportaba datos empíricos. Aún más, únicamente siete investigaciones consideraban grupos de control, y solo tres replicaban los experimentos, un requisito fundamental para validar resultados científicos.


Otra de las principales alertas del estudio es la falta de monitoreo a largo plazo. Los investigadores advierten que, sin seguimiento sistemático, es imposible determinar si estos bosques cumplen realmente los objetivos con los que son promovidos. “El monitoreo implica un costo, pero es indispensable para validar las decisiones, sobre todo cuando se utilizan recursos públicos”, explicó Craven.


El trabajo también intenta responder por qué, pese a la escasa evidencia, el método ha ganado tanta popularidad. Según los autores, gran parte de sus supuestos beneficios proviene de informes de ONG, empresas privadas y sitios web, materiales que no siempre pasan por procesos de revisión científica por pares, lo que dificulta evaluar su rigor.


Ante este escenario, el estudio llama a la prudencia y recomienda priorizar estrategias de paisajismo urbano y restauración ecológica que cuenten con respaldo empírico robusto, además de exigir transparencia y evaluación científica antes de implementar este tipo de proyectos a gran escala.