Estudio científico desafía la pirámide clásica de la biodiversidad y revela un patrón inesperado en la naturaleza

Juan Andrés Galaz 19-12-2025

Un estudio internacional demuestra que, a diferencia de lo que se creía, la distribución de especies no sigue una pirámide. Herbívoros y depredadores se reparten casi por igual, mostrando un patrón más estable y uniforme que desafía los modelos clásicos de ecología.


Durante décadas, los manuales de ecología han representado la biodiversidad mediante una pirámide trófica, con muchas especies vegetales en la base, menos herbívoros en niveles intermedios y aún menos depredadores en la cima. Sin embargo, un nuevo estudio internacional cuestiona esa idea cuando se trata del número de especies y no del flujo de energía.


La investigación, liderada desde el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y publicada en la revista científica Proceedings of the Royal Society B, analizó la dieta de más del 90 % de los animales terrestres descritos y concluyó que la biodiversidad a lo largo de los niveles tróficos no sigue una forma piramidal, sino que se asemeja más a un “cuadrado”.


Energía piramidal, especies no necesariamente piramidales


El estudio distingue entre dos conceptos que suelen confundirse: el flujo de energía y la riqueza de especies. Si bien la energía disminuye a medida que se asciende en la cadena alimentaria —debido a pérdidas en forma de calor—, esto no implica necesariamente que también disminuya el número de especies en los niveles superiores.


Los resultados muestran que, a escala global, aproximadamente el 45,8 % de las especies terrestres son herbívoras, el 42,6 % son depredadoras y solo el 11,6 % son consumidoras mixtas, lo que rompe con la idea de una pirámide estrecha en la cima.


Depredadores: muchos más de lo esperado


El patrón se vuelve aún más llamativo al analizar solo a los tetrápodos —mamíferos, aves, reptiles y anfibios—, donde cerca del 70 % de las especies se ubican en niveles tróficos superiores. En este grupo se incluyen animales como leones, lobos, grandes serpientes y cocodrilos.


En cambio, los artrópodos terrestres, por su enorme diversidad, tienden a equilibrar el patrón general. Arañas, escarabajos, mantis, escorpiones y otros invertebrados depredadores contribuyen a que la distribución total adopte una forma más cercana a un cuadrado que a una pirámide.


Un patrón que se repite en distintos ecosistemas


Uno de los hallazgos más sorprendentes es que esta distribución se mantiene prácticamente constante entre distintos tipos de comunidades ecológicas. Al comparar seis grandes estructuras tróficas, los investigadores observaron que la proporción de herbívoros, depredadores y omnívoros cambia muy poco entre ecosistemas.


Incluso al analizar la dieta global de comunidades de aves y mamíferos, el equilibrio entre alimento de origen vegetal y animal se mantiene estable, lo que sugiere que el funcionamiento trófico de los ecosistemas es más uniforme de lo que se pensaba.


Implicancias para la conservación


Los autores advierten que estos resultados tienen consecuencias directas para las políticas de conservación. Aunque los depredadores suelen tener menor abundancia de individuos y mayor vulnerabilidad a la extinción local, su riqueza de especies es alta y estable a largo plazo.


Por ello, tratar a los depredadores como un componente secundario o prescindible puede provocar una pérdida significativa de biodiversidad y afectar la estabilidad de los ecosistemas. Según el estudio, desmantelar los niveles tróficos superiores podría empujar a los sistemas naturales hacia configuraciones menos resilientes, contrarias a los objetivos de restauración y protección ambiental.


La investigación plantea así un cambio conceptual relevante: la biodiversidad no se distribuye como una pirámide rígida, y los depredadores no son una excepción marginal, sino una pieza central en la estructura ecológica del planeta.