Estudio advierte que la fama aumenta el riesgo de muerte prematura entre cantantes, especialmente solistas

Juan Andrés Galaz 01-12-2025

Según un nuevo análisis que comparó a más de 300 músicos, quienes alcanzan altos niveles de reconocimiento presentan mayor riesgo de morir antes, sugiriendo que la fama (más que el estilo de vida) es un factor determinante.


Convertirse en una figura reconocida dentro de la música puede tener un costo significativo para la salud. Así lo plantea un nuevo estudio que concluye que los cantantes que alcanzan la fama presentan un riesgo considerablemente mayor de morir de forma prematura, en comparación con músicos menos conocidos.


La investigación, dirigida por Michael Dufner, profesor de personalidad y psicología en la Universidad Witten/Herdecke (Alemania), analizó a 324 cantantes solistas y vocalistas principales de bandas en Europa y Estados Unidos. El equipo comparó sus trayectorias con las de músicos de características similares (edad, género, nacionalidad, etnia y estilo musical) activos entre 1950 y 1990. El objetivo era determinar si la exposición pública y el éxito podían influir en la esperanza de vida.


Los resultados fueron categóricos. En promedio, los artistas famosos vivían 4,6 años menos que sus contrapartes menos reconocidas. Mientras los músicos no célebres llegaban a los 79 años, los más conocidos solían morir alrededor de los 75.


Además, los investigadores observaron que ser parte de una banda disminuía el riesgo de muerte en un 26% frente a trabajar como solista, lo que sugiere que el respaldo emocional, la contención y la distribución de responsabilidades dentro de un grupo pueden tener un efecto protector.


Sin embargo, incluso con ese margen, los cantantes famosos seguían mostrando un 33% más de probabilidades de haber muerto durante el período estudiado. Lo más relevante es que este aumento de riesgo solo apareció después de que los artistas alcanzaran la fama, un dato que, según los investigadores, refuerza la hipótesis de que es la exposición pública y no únicamente el estilo de vida lo que podría tener efectos perjudiciales.


El estudio, publicado en la Revista de Epidemiología y Salud Comunitaria, plantea que la presión constante del escrutinio mediático, la pérdida de privacidad, las exigentes rutinas de gira y la normalización del consumo de alcohol y drogas pueden contribuir al deterioro de la salud mental y física de quienes alcanzan notoriedad. Pero también advierte que otros factores previos —como experiencias traumáticas en la infancia o rasgos de personalidad— podrían llevar a ciertas personas ya vulnerables a perseguir la fama.


Consultado sobre las medidas que podrían adoptar las estrellas actuales, Dufner afirmó que es crucial reconocer la dureza del entorno profesional: largas temporadas lejos de casa, aislamiento emocional y fácil acceso a sustancias. Recomendó, como forma de mitigación, mantener vínculos cercanos, tomar distancia periódicamente del circuito público y evaluar críticamente los hábitos y ritmos de vida que impone el éxito.


La Dra. Sally Anne Gross, académica de la Universidad de Westminster y coautora del libro ¿Puede la música enfermarte?, sostuvo que los hallazgos retratan con claridad la realidad de una industria crecientemente dominada por redes sociales y dinámicas competitivas que “aíslan al individuo”. Para la especialista, la fama —más allá de los factores tradicionales de riesgo— “es tóxica” en sí misma.


Aun así, Gross subraya que existen esfuerzos dentro del sector para mejorar las condiciones laborales. “Muchas personas están trabajando para hacer que la industria sea más segura y saludable”, afirmó. “Pero la fama impone desafíos que van más allá de la gestión interna. No es algo que simplemente se pueda abandonar o ‘tratar’ como una adicción; escapa al control directo del artista”.