Especialistas alertan por prácticas comunes en fiestas que pueden afectar gravemente la salud

Juan Andrés Galaz 24-12-2025

Celebraciones prolongadas, calor y excesos alimentarios crean un contexto propicio para intoxicaciones y otros problemas de salud, especialmente cuando se combinan alcohol, bebidas energéticas y una manipulación inadecuada de alimentos.


Las celebraciones de fin de año suelen alterar rutinas básicas y exponer a la población a una serie de riesgos sanitarios que muchas veces pasan inadvertidos. Jornadas extensas, altas temperaturas, consumo elevado de alcohol y alimentos preparados con antelación configuran un escenario propicio para problemas de salud, especialmente si no se adoptan medidas preventivas.


Uno de los comportamientos que genera mayor preocupación entre los expertos es la mezcla de alcohol con bebidas energéticas, una práctica cada vez más frecuente en contextos festivos. Este tipo de bebidas contiene cafeína, taurina, guaraná y otros estimulantes, los que generan una sensación de alerta que puede enmascarar los efectos reales del alcohol en el organismo.


Según explica Fernando Torres, toxicólogo y director de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello, esta combinación no reduce el nivel de alcohol en la sangre, pero sí disminuye la percepción de embriaguez. “Se produce una falsa sensación de control, lo que lleva a consumir mayores cantidades de alcohol, aumentando el riesgo de intoxicación alcohólica, deshidratación, arritmias cardíacas, crisis de ansiedad y alteraciones neurológicas”, advierte.


Desde el punto de vista cardiovascular, el efecto conjunto de estimulantes y alcohol puede elevar la frecuencia cardíaca y la presión arterial, sobrecargando el sistema circulatorio. El especialista subraya que esta práctica resulta especialmente peligrosa en personas con enfermedades cardíacas, hipertensión, trastornos de ansiedad o del sueño, y recalca que las bebidas energéticas no están recomendadas para niños, adolescentes, mujeres embarazadas ni personas con patologías preexistentes.


Otro foco crítico durante las fiestas es el aumento de las intoxicaciones alimentarias, favorecidas por el calor y el incremento en la preparación de comidas. La ruptura de la cadena de frío, el almacenamiento inadecuado y la manipulación incorrecta de alimentos figuran entre las principales causas.


“La contaminación cruzada, la cocción insuficiente de carnes, aves o mariscos, y el uso de productos en mal estado o vencidos explican buena parte de estos cuadros”, señala Torres. Los síntomas pueden manifestarse entre una y 72 horas después del consumo e incluyen náuseas, vómitos, diarrea, fiebre y deshidratación, con mayor gravedad en niños, adultos mayores, embarazadas y personas con enfermedades crónicas.


Los especialistas coinciden en que la prevención depende de acciones simples pero clave: higiene adecuada, correcta cocción de los alimentos, respeto de la cadena de frío, moderación en el consumo de alcohol y evitar su mezcla con bebidas energéticas. Decisiones pequeñas, remarcan, pueden evitar complicaciones de salud durante las celebraciones.