El envejecimiento se vuelve más flexible: la percepción de ser “mayor” cambia en todo el mundo

Juan Andrés Galaz 18-11-2025

Nuevas investigaciones científicas cuestionan la edad cronológica como referencia para definir la vejez y apuntan a la edad biológica como un indicador más preciso, en un contexto marcado por el aumento del edadismo, el crecimiento del mercado antienvejecimiento y el avance de terapias orientadas a prolongar la vida saludable.


El interés por retrasar el envejecimiento crece en todo el mundo y alimenta un mercado que superaría los 60 mil millones de dólares para 2032. Mientras proliferan las cremas antiedad, los suplementos y rutinas físicas orientadas a “frenar el tiempo”, nuevas investigaciones advierten que la vejez es un proceso mucho más flexible y diverso de lo que se creía.


Eric Verdin, presidente del Instituto Buck para la Investigación sobre el Envejecimiento, sostiene que no existe un punto biológico universal que marque el paso de la adultez a la vejez. En su lugar, propone utilizar la edad biológica, entendida como el estado real de células y tejidos, en vez de la edad cronológica. Esta visión responde a la gran variabilidad individual y a los avances que permiten observar el envejecimiento como un proceso continuo.


Esta perspectiva coincide con un estudio publicado en Psychology and Aging, liderado por Markus Wettstein de la Universidad Humboldt de Berlín. La investigación muestra que la edad a la que se considera a alguien “mayor” ha aumentado de forma sostenida, y que hoy los adultos de mediana y avanzada edad se sienten más jóvenes que las generaciones de hace una o dos décadas. Según los autores, esta percepción puede estar influida tanto por el aumento de la esperanza de vida como por estereotipos negativos sobre la vejez.


A finales del siglo XIX y durante buena parte del XX, la jubilación se transformó en el principal marcador social del envejecimiento. En Estados Unidos, la edad oficial subirá a 67 años en 2026, aunque la mayoría se retira cerca de los 62. Sin embargo, los científicos advierten que estos rangos no reflejan los profundos cambios sociales y sanitarios de la actualidad.


La evidencia confirma que el envejecimiento es el principal factor de riesgo para cáncer, diabetes y Alzheimer. Casi el 95% de los estadounidenses mayores de 60 años presenta al menos una enfermedad crónica y cerca del 80% convive con dos o más. No obstante, la edad cronológica no basta para anticipar el estado de salud, pues factores como el estrés, el estilo de vida o enfermedades previas pueden acelerar la edad biológica.


El debate ocurre en medio del avance del edadismo, que la Organización Mundial de la Salud define como una discriminación basada en la edad. Este fenómeno —que puede ir desde la preferencia por trabajadores más jóvenes hasta el trato despectivo— se asocia a problemas de salud física, mental y cognitiva. La investigadora Becca Levy, de la Universidad de Yale, estima que el impacto económico del edadismo asciende a 63 mil millones de dólares anuales en Estados Unidos.


En paralelo, la comunidad científica busca biomarcadores fiables que permitan medir el envejecimiento con precisión. Aunque se han propuesto indicadores como el daño en el ADN, la capacidad física o los perfiles metabólicos, aún no existe una herramienta universalmente aceptada. Al mismo tiempo, técnicas como la reprogramación celular, la eliminación de células senescentes o intervenciones como el ayuno intermitente abren nuevas vías para extender la vida saludable.


Una de las áreas de mayor interés es el estudio de los “superancianos”, personas que superan los 70 años con funciones cognitivas y físicas sorprendentemente preservadas. Analizar estos casos permitiría diseñar estrategias para aumentar la longevidad saludable en el resto de la población.


Con proyecciones que estiman que una de cada tres personas tendrá más de 60 años en 2050, los expertos recalcan que esta investigación es más urgente que nunca. Verdin plantea que el objetivo es prolongar los años de vida saludable y transformar la percepción social del envejecimiento.


La meta es que las personas vivan más años con buena salud”, afirma, “y que podamos avanzar hacia una visión menos negativa y más realista de la vejez”