El calor extremo podría acelerar el envejecimiento biológico y aumentar riesgos para la salud, advierten científicos
Estudios recientes indican que la exposición crónica al calor puede acelerar la edad biológica de las personas, con impactos comparables —según algunas estimaciones— a los provocados por el tabaquismo. Los investigadores señalan que este fenómeno es visible en cambios a nivel celular y genético.
El calor extremo se ha convertido en un factor de riesgo silencioso para la salud y el envejecimiento, según nuevas investigaciones que revelan efectos mucho más profundos que el simple malestar físico asociado a las altas temperaturas.
Estudios recientes indican que la exposición crónica al calor puede acelerar la edad biológica de las personas, con impactos comparables —según algunas estimaciones— a los provocados por el tabaquismo. Los investigadores señalan que este fenómeno es visible en cambios a nivel celular y genético.
Una investigación de la Escuela de Gerontología Leonard Davis de la USC, publicada en 2025, concluye que quienes viven en regiones más cálidas registran una edad biológica hasta 14 meses mayor que quienes habitan en zonas frías, incluso después de ajustar variables como estilo de vida, nivel socioeconómico y estado de salud. La autora del estudio, Eun Young Choi, sostiene que el calor sostenido influye directamente en los procesos de desgaste corporal.
Los efectos van más allá del envejecimiento acelerado. El estrés térmico aumenta el riesgo de enfermedades crónicas, disminuye la calidad de vida y obliga a los órganos vitales a trabajar con mayor intensidad, impactando negativamente sistemas como el circulatorio, nervioso y renal.
El geriatra de la Clínica Mayo, Amit Shah, advierte que el calor puede elevar la frecuencia cardíaca, favorecer la deshidratación y afectar el funcionamiento neurológico, provocando episodios de confusión y fallas de memoria. Además, las respuestas inflamatorias sostenidas pueden imitar infecciones y generar un deterioro progresivo.
La evidencia reciente, recopilada durante olas de calor como la que afectó a Los Ángeles en junio de 2024, muestra que estos efectos se manifiestan incluso en personas con buena salud o acceso a recursos, subrayando el impacto independiente de la temperatura ambiental.
Otras investigaciones han identificado alteraciones epigenéticas en el ADN asociadas al calor crónico, afectando procesos de inflamación, metabolismo y respuesta inmune. Un estudio de Harvard detectó que habitantes de climas cálidos presentan células sanguíneas biológicamente más antiguas, lo que podría aumentar el riesgo de patologías vinculadas al envejecimiento.
Aunque aún se requieren estudios concluyentes para establecer causalidad directa, los expertos reconocen que el cuerpo puede desarrollar cierta adaptación fisiológica. Sin embargo, las olas de calor extremas continúan generando aumentos de mortalidad y de síntomas asociados a demencia, incluso en comunidades habituadas a temperaturas elevadas.
Pese a este panorama, existen medidas efectivas para mitigar los efectos del calor en la salud. Entre ellas destacan el uso de aire acondicionado, limitar la exposición durante las horas de mayor radiación, mantener una hidratación constante y fortalecer las redes de apoyo comunitario. El diseño urbano, con más áreas verdes y espacios sombreados, también resulta clave para mejorar la calidad de vida en ciudades cada vez más calurosas.
Los especialistas coinciden en que enfrentar el aumento global de temperaturas exigirá cambios en los hábitos cotidianos y en la planificación urbana. Proteger la refrigeración, priorizar la hidratación y reconocer los riesgos asociados al calor extremo serán pasos fundamentales para resguardar la salud en las próximas décadas.