Científicos exploran la “zona oscura” del océano frente a Guam y hallan decenas de especies potencialmente nuevas
Una expedición liderada por la Academia de Ciencias de California logró recuperar dispositivos instalados a más de 90 metros de profundidad, revelando un ecosistema prácticamente desconocido y evidencias de que el cambio climático también estaría afectando a estas aguas profundas.
Un equipo internacional de científicos realizó una serie de inmersiones de alto riesgo en la denominada zona crepuscular superior del océano, frente a la costa de Guam, una franja marina ubicada a más de 90 metros bajo la superficie donde la luz apenas logra penetrar. Se trata de uno de los ecosistemas menos explorados del planeta, debido a las complejas, costosas y peligrosas condiciones que implica su acceso.
La expedición, desarrollada en noviembre de 2025 por buzos científicos de la Academia de Ciencias de California, tuvo como objetivo recuperar dispositivos de monitoreo instalados en arrecifes profundos hace más de ocho años. Estos equipos han permitido recopilar información clave sobre la biodiversidad marina y la evolución de la temperatura del océano en profundidades extremas.
Durante las inmersiones, los investigadores se encontraron con un ecosistema poblado por organismos inusuales: delicados corales, gusanos brillantes, babosas marinas de formas puntiagudas y cangrejos cubiertos de vello, entre otras especies. Muchos de estos ejemplares nunca habían sido documentados en la región y algunos podrían corresponder a especies completamente nuevas para la ciencia.
A diferencia del buceo recreativo, que rara vez supera los 40 metros de profundidad, estas misiones requirieron buceadores técnicos altamente especializados, capaces de utilizar mezclas de gases con helio, además de estrictos protocolos de descompresión. “Si permanecemos solo 10 minutos a 152 metros, el ascenso puede tardar hasta seis horas”, explicó Luiz Rocha, curador de ictiología de la Academia de Ciencias de California y uno de los líderes de la expedición.
En total, el equipo logró recuperar 13 dispositivos de monitoreo, estructuras fabricadas con placas de PVC que funcionan como arrecifes artificiales. Con el tiempo, estos dispositivos son colonizados por distintas formas de vida marina, actuando como verdaderos “hoteles submarinos”, según describió Rocha.
Una vez en superficie, los monitores fueron trasladados al Laboratorio Marino de la Universidad de Guam, donde los científicos iniciaron un exhaustivo proceso de análisis. Tras dos semanas de trabajo, se identificaron cerca de 2.000 especímenes, de los cuales alrededor de 100 no habían sido registrados previamente en la zona y al menos 20 corresponden a especies potencialmente nuevas.
Entre los hallazgos destacan una posible nueva especie de pez cardenal, un cangrejo de pinzas anaranjadas nunca antes reportado en Guam y una babosa marina con tonalidades amarillas y rosadas. Uno de los descubrimientos más llamativos fue un cangrejo ermitaño que utiliza conchas similares a las de las almejas como refugio, una adaptación poco común dentro de este grupo de crustáceos.
Más allá del valor científico de los hallazgos, los investigadores manifestaron su preocupación por el estado de conservación de estos arrecifes profundos. Según Rocha, más de la mitad de las especies que habitan esta zona aún son desconocidas, pese a que ya enfrentan amenazas como la pesca, la contaminación y el cambio climático.
Estudios recientes también han detectado un aumento significativo de residuos plásticos en los arrecifes profundos, principalmente asociados a la actividad pesquera. “Casi siempre somos los primeros humanos en ver estos arrecifes, y aun así encontramos basura en cada inmersión”, advirtió el científico.
Los datos de temperatura obtenidos por los dispositivos de monitoreo sugieren, además, que el calentamiento global podría estar afectando incluso a estas profundidades, desafiando la idea de que la zona crepuscular actúa como un refugio natural frente al cambio climático.
La misión en Guam marca el inicio de un proyecto científico de largo plazo que se extenderá por al menos dos años y contempla la recuperación de 76 dispositivos instalados en arrecifes profundos del océano Pacífico, incluyendo Palaos, la Polinesia Francesa y las Islas Marshall. El objetivo es comprender mejor esta dimensión desconocida del océano y aportar evidencia científica clave para su protección.