Antibióticos neonatales reducen eficacia de vacunas al alterar el microbioma intestinal


Estudio australiano revela que el tratamiento antibiótico en las primeras semanas de vida disminuye la producción de anticuerpos contra enfermedades prevenibles por vacunación.
Los bebés que reciben antibióticos durante su primer mes de vida desarrollan una respuesta inmunológica más débil a las vacunas esenciales, según una investigación publicada en Nature. El estudio longitudinal, que monitoreó a 191 recién nacidos, encontró que los niveles de anticuerpos contra el neumococo y la Haemophilus influenzae tipo b fueron hasta un 30% más bajos en niños tratados con estos medicamentos, efecto que persistió hasta los 15 meses de edad.
El eje intestino-inmunidad
La investigación identificó que los antibióticos reducen drásticamente las poblaciones de Bifidobacterium, bacterias clave que metabolizan componentes de la leche materna y modulan el sistema inmunitario. "Estos microorganismos actúan como entrenadores del sistema inmunológico, preparándolo para responder adecuadamente a las vacunas", explicó el profesor David Lynn, inmunólogo de la Universidad de Flinders, según reportó The Guardian. Los experimentos con ratones demostraron que la suplementación con probióticos de Bifidobacterium restauraba la respuesta vacunal, ofreciendo una potencial solución clínica.
El impacto fue más pronunciado en los 32 bebés que recibieron antibióticos directamente, en comparación con los 79 expuestos indirectamente a través de sus madres. Los investigadores enfatizan que los beneficios clínicos de los antibióticos siguen superando estos riesgos en casos de infecciones neonatales, pero recomiendan un uso más selectivo y la posible complementación con probióticos.
El equipo prepara ahora un ensayo clínico para evaluar protocolos de suplementación con Bifidobacterium en recién nacidos que requieran tratamiento antibiótico. Estos hallazgos subrayan la importancia crítica del microbioma intestinal temprano en el desarrollo del sistema inmunológico y podrían llevar a revisiones en los protocolos neonatales de administración de antibióticos y vacunas.