Chorros de estrellas jóvenes observados por ALMA revelan por primera vez un registro detallado de sus explosiones pasadas

Juan Andrés Galaz 16-12-2025

Décadas de observaciones preliminares con el VLA de la NSF permitieron mapear con detalle sin precedentes los chorros de la protoestrella SVS 13, revelando anillos moleculares que actúan como registros de violentos estallidos durante su formación.


Un equipo internacional de astrónomos ha logrado un avance sin precedentes en la comprensión del nacimiento de estrellas, al identificar cómo los potentes chorros expulsados por estrellas jóvenes conservan un registro cronológico de sus episodios de crecimiento más violentos.


Las primeras observaciones realizadas con el Very Large Array (VLA) de la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos (NSF) identificaron a SVS 13, un sistema binario protoestelar ubicado en la región NGC 1333, a unos 1.000 años luz de la Tierra. Este sistema genera una serie de “balas moleculares” de alta velocidad y choques Herbig-Haro, fenómenos que lo convirtieron en un objetivo clave para estudios más detallados. Las imágenes del VLA permitieron identificar a las radioprotoestrellas VLA 4A y VLA 4B, así como el flujo de salida a gran escala, sentando las bases para investigaciones posteriores.


Aprovechando este legado, el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) enfocó la “bala” más brillante del flujo de salida de SVS 13 y reveló anillos moleculares anidados. Cada anillo, de solo unas pocas docenas de unidades astronómicas de espesor y desplazándose a hasta 100 km/s, refleja capas ultrafinas que registran los estallidos explosivos de la estrella joven. Este análisis funciona de manera similar a una tomografía computarizada, permitiendo a los científicos reconstruir cómo el chorro atraviesa el gas circundante.


“Nuestras observaciones muestran que estos chorros no son solo efectos secundarios dramáticos del nacimiento estelar, sino que también son fieles guardianes de registros”, explicó Guillermo Blázquez-Calero, coautor del estudio e investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC). Cada secuencia de anillos lleva la marca temporal de un estallido anterior, lo que permite interpretar la historia de cómo el material cayó sobre la joven estrella y fue expulsado violentamente a su entorno.


El equipo analizó más de 400 anillos individuales, comprobando que cada capa corresponde a un arco de choque clásico, impulsado por un chorro estrecho cuya velocidad cambia con el tiempo. La edad de la capa más joven coincide con un estallido óptico e infrarrojo ocurrido a principios de los años 90, lo que constituye el primer vínculo directo entre los estallidos de material y las variaciones en la velocidad del chorro.


Estos hallazgos ofrecen una nueva perspectiva sobre cómo los estallidos episódicos moldean los discos protoestelares, que eventualmente pueden dar origen a planetas como la Tierra.