Amor que no se rompe: la ciencia confirma que los coyotes forman pareja de por vida y sufren duelo
Investigaciones científicas revelan que estos animales practican monogamia genética, desarrollan vínculos duraderos y presentan cambios conductuales y neurológicos tras la muerte de su compañero, desafiando la visión tradicional sobre su comportamiento.
Durante años fueron vistos como animales solitarios y agresivos. Sin embargo, nuevas investigaciones científicas han revelado una faceta poco conocida y profundamente emotiva de los coyotes (Canis latrans): forman pareja de por vida y manifiestan conductas de duelo cuando su compañero muere.
Los hallazgos provienen de estudios liderados por la neurocientífica Sara Freeman, profesora asociada de biología en la Universidad Estatal de Utah, junto a equipos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y del ecólogo Stan Gehrt, de la Universidad Estatal de Ohio, uno de los mayores especialistas en coyotes urbanos.
Las investigaciones confirman que los coyotes practican monogamia genética, una forma de fidelidad poco común en mamíferos. Estudios genéticos realizados durante más de una década, especialmente en poblaciones urbanas de Chicago, no encontraron evidencia de infidelidad reproductiva entre parejas, incluso en entornos con alta densidad poblacional.
Pero el aspecto más llamativo surgió al observar qué ocurre cuando uno de los integrantes de la pareja muere. Los científicos documentaron aullidos largos y persistentes, letargo, pérdida de apetito y cambios de comportamiento que recuerdan al duelo humano. Algunos coyotes regresan repetidamente a los lugares donde vieron por última vez a su compañero.
A nivel biológico, Freeman y su equipo analizaron cerebros de coyotes viudos y detectaron alteraciones en receptores hormonales asociados al estrés, particularmente del factor liberador de corticotropina (CRF), presente también en el cerebro humano. Estos cambios se localizaron en áreas vinculadas al olfato, la memoria y el aprendizaje, lo que sugiere que la pérdida afecta profundamente su procesamiento emocional y sensorial.
Aunque los investigadores advierten que los estudios tienen muestras limitadas y no deben generalizarse en exceso, los resultados abren nuevas líneas para comprender el duelo prolongado en humanos, dado que los mecanismos neuroquímicos son similares.
Más allá del interés científico, los expertos subrayan un impacto adicional: generar empatía hacia una especie clave para los ecosistemas, frecuentemente perseguida o considerada una plaga. Los coyotes cumplen un rol fundamental en la dispersión de semillas, el control de especies y el equilibrio ecológico, y la pérdida de uno de los miembros de la pareja puede desencadenar desajustes territoriales con efectos en cascada.