Amenaza crítica para los tiburones quelvachos: nuevas protecciones internacionales podrían frenar su colapso

Juan Andrés Galaz 27-11-2025

Las poblaciones de tiburón quelvacho han caído drásticamente por la extracción de su aceite de hígado, altamente demandado por la industria cosmética. Una propuesta presentada en la CITES busca incluir a la especie en el Apéndice II y establecer controles internacionales para evitar su colapso definitivo.


Con sus característicos ojos verdes y cuerpo estilizado, los tiburones quelvachos han sobrevivido millones de años en aguas profundas de todo el mundo. Sin embargo, hoy enfrentan un riesgo sin precedentes: tres cuartas partes de sus especies están en peligro de extinción, principalmente debido a su captura para obtener aceite de hígado, un producto altamente valorado en la industria cosmética por su elevado contenido de escualeno.


El Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW) ha detectado escualeno derivado de estos tiburones en una amplia gama de artículos, desde maquillaje y lociones para después del afeitado hasta protectores solares y parches de nicotina. Esta presión extractiva ha puesto a la especie al borde del colapso.


En medio de este escenario, un debate crucial se desarrolla en Uzbekistán. Entre el 24 de noviembre y el 5 de diciembre, científicos, conservacionistas y autoridades participan en la 20ª Conferencia de las Partes de la Convención CITES, donde se presentará una propuesta clave: incluir a todos los quelvachos en el Apéndice II, lo que permitiría regular su comercio internacional y mejorar el monitoreo de las capturas.


Hasta ahora, ninguna especie de tiburón de aguas profundas figura en esta categoría, pese a que más de 145 tiburones y rayas ya se encuentran listados. La pesca en aguas profundas ha aumentado debido al avance tecnológico y a la disminución de recursos en zonas costeras, lo que ha incrementado la presión sobre estas especies extremadamente vulnerables.


Un estudio publicado en Science (2024), que analizó 521 especies de tiburones y rayas de aguas profundas, determinó que casi dos tercios de los tiburones amenazados han sido explotados para producir aceite de hígado. Los quelvachos son particularmente perseguidos porque su hígado contiene más del 70% de escualeno, el nivel más alto registrado en estos animales. En algunas regiones, sus poblaciones han caído hasta en un 80%.


Matt Collis, director sénior de políticas del IFAW, advierte que esta disminución masiva se ha producido en apenas dos o tres décadas y que la recuperación es extremadamente lenta. “Se asemejan más a la forma de reproducción de los mamíferos que a la de los peces”, explicó, lo que los hace especialmente sensibles a la sobrepesca. Un ejemplo extremo es el quelvacho mudo, que podría demorar 86 años en recuperar solo el 25% de su población original.


La presión económica detrás de esta explotación es enorme. Según Grand View Research, el mercado global del escualeno alcanzó los US$150 millones en 2023, y aunque el 80% proviene de fuentes vegetales, producir una tonelada de escualeno animal requiere alrededor de 3.000 tiburones.


Pese a que grandes compañías como L’Oréal y Unilever abandonaron el escualeno animal hace más de una década, estudios recientes muestran que numerosas marcas —especialmente asiáticas— continúan utilizándolo.


Expertos coinciden en que las nuevas regulaciones de CITES serían la herramienta más eficaz para frenar la explotación: este acuerdo internacional puede incluso suspender el comercio con países que no cumplan las normas, lo que obliga a mejorar la gestión pesquera.


Organizaciones de cosmética sostenible, como Biossance, apoyan la medida y destacan que las alternativas vegetales ya permiten reemplazar completamente al escualeno de origen marino.


Tras décadas de advertencias, los especialistas esperan que la comunidad internacional adopte finalmente medidas vinculantes. “No se recuperan al mismo ritmo ni se reproducen al mismo ritmo que otros peces”, señala Collis. “Simplemente no pueden soportar este nivel de explotación”.